20 de junio de 2026
Día Mundial de las Personas Refugiadas celebrado el 20 de junio, recuperamos el artículo Adding nativity, citizenship, and immigration status to health monitoring and survey data analizado por Ricard Martínez Sala, del Grupo de Trabajo COCOOPSI de CAMFiC— y de la Guía de Atención a pacientes migrantes publicada por la semFYC, en el cual se pone de relieve cómo recoger y utilizar esta información puede mejorar el abordaje clínico, físico y emocional de las personas migrantes.
Diversos estudios internacionales, especialmente en Estados Unidos, muestran que incluir preguntas sobre historia migratoria en encuestas y registros es factible y útil, sin que ello suponga una disminución significativa en la participación. Experiencias como la National Agricultural Worker Survey o el Hispanic Community Health Study han demostrado que la mayoría de participantes responden sin reticencias, lo que permite comprender mejor sus necesidades de salud y planificar políticas más inclusivas.
En la consulta de Atención Primaria, registrar la historia migratoria en la primera visita puede facilitar la detección de riesgos de salud específicos, la identificación de determinantes sociales que afectan al bienestar y el abordaje de diferencias en salud física y mental vinculadas al proceso migratorio. Lejos de ser un trámite administrativo, esta práctica favorece la comunicación, evita malentendidos culturales y permite diseñar intervenciones adaptadas, con un impacto positivo en la adherencia a los tratamientos y en los resultados en salud.
No obstante, para que la recogida de estos datos sea efectiva y ética, es fundamental garantizar la confidencialidad y generar un clima de confianza. Abordar estas conversaciones con respeto, sensibilidad y transparencia ayuda a que las personas migrantes se sientan seguras y comprendidas.
La Fundación Communia semFYC respalda la importancia de incorporar la historia migratoria en la Atención Primaria, tal y como promueve la semFYC en su guía. Este enfoque representa una oportunidad para avanzar hacia un sistema de salud más inclusivo, culturalmente competente y basado en la evidencia, en el que se atienda a cada persona según su contexto y necesidades reales.
