8 de marzo de 2026
En el marco del Día Internacional de la Mujer, recordamos el testimonio de Karima Shujazada y Najiah Mohammadi, refugiadas afganas en España, para dar voz a la realidad que viven millones de mujeres en Afganistán actualmente. Ambas comparten su experiencia, en un acto de denuncia, memoria y compromiso con los derechos humanos.
El 8M vuelve a ser una fecha clave y queremos visibilizar realidades silenciadas, haciéndonos eco de la situación de las mujeres en Afganistán a través de los testimonios de Karima Shujazada y Najiah Mohammadi, dos mujeres refugiadas en España que nos explicaron en primera persona la represión sistemática que sufren las mujeres bajo el régimen talibán, durante el Espacio Solidario del congreso de Barcelona, invitadas en representación de la Asociación Un gesto de calor y del colectivo Afghan Women on the Run (AWOTR).
“Las mujeres no tienen ningún derecho, no pueden dar un paseo, ni universidad, ni escuela, ni trabajo, nada. Están en una oscuridad, una oscuridad muy grande”, explica Karima Shujazada, describiendo un país en el que la vida pública, educativa y laboral de las mujeres ha sido prácticamente eliminada.
Las restricciones afectan incluso a los gestos más cotidianos. “Tampoco no pueden salir de sus casas solas. Las tienen que acompañar siempre un hombre o un chico”, explica Najiah Mohammadi, poniendo ejemplos concretos como el de una amiga enfermera que no puede ir sola a trabajar y necesita que su hermano la acompañe, lo que a su vez impide que él continúe sus estudios. Una cadena de prohibiciones que, según denuncia, afecta tanto a mujeres como a hombres jóvenes.
Karima también alerta sobre otras formas de control extremo: “la voz de las mujeres en el público está prohibida. Por ejemplo, una mujer en público no puede hablar. Incluso entre ellas, no pueden hablar muy alto porque un hombre las puede oír”. A estas limitaciones se suman los matrimonios obligados y las restricciones para viajar, trabajar, estudiar o incluso elegir la propia ropa. “Elegir tu propia ropa es un derecho básico, pero en Afganistán las mujeres no tienen eso”.
Igualmente, durante su testimonio, Shujazada ha hecho un llamamiento directo a la comunidad internacional, reclamando visados humanitarios y becas educativas para mujeres y niñas afganas que “no pueden volver a Afganistán y no pueden entrar en las escuelas”. Por su parte, Mohammadi también propuso soluciones como la educación online y el apoyo psicológico: “Podemos hacer las clases online para las más de 20 millones de mujeres, chicas y niñas que están en Afganistán. Como las chicas no pueden hacer nada, siempre están cerradas dentro de sus casas, lo que les provocan problemas mentales. Estas clases les dan esperanza para continuar sus vidas”.
En un contexto marcado por el 8M, sus palabras no solo son un testimonio, sino un acto de resistencia y memoria. Un recordatorio de que, mientras en muchos lugares del mundo se avanza en igualdad, en otros millones de mujeres siguen viviendo, como dijo Karima, “en una oscuridad muy grande”, privadas de los derechos más básicos.
